jueves, 26 de noviembre de 2009

Encontraron el auto que les habían robado

Por: Heriberto Núñez
México, D.F. - Con el bono acumulado de pensión laboral y los premios de su jubilación la señora Regina Falú (nombre inventado para proteger la salud e integridad de esta suertuda anciana) se compró un auto semiusado la semana pasada. No había estrenado auto desde que se casó su primer nieta, en los años ochenta, así que estaba más que ansiosa por salir a dar la vuelta con su nueva adquisición. Desoyendo los consejos de su prudente marido, Bonifacio Rayón ("no saques el auto nuevo hasta que renueves tu licencia, Reginita, cómprale un seguro, ya hay muy buenos en Internet, hazme caso, no vaya a ser la de malas..."), decidió ir al súper en su auto. Lo estacionó en una calle contigua al centro comercial, para no pagar los tres pesos de la pluma del estacionamiento del súper y cuál sería su sorpresa que al salir no encontró el auto por ningún lado. Se lo habían robado. "Sólo me dejaron la llave". Tantos años de su vida invertidos en un patrimonio tan volátil. "Te lo dije", le dijo en la noche su marido meneando la cabeza. El sábado por la tarde, viendo que su mujer seguía tristísima por lo del robo, la invitó al cine. "Ándale, mujer, pa que te distraigas", le dijo poniéndole el abrigo. Vieron una película que ni les gustó ni la entendieron: 2012. Al salir del cine, la señora Regina vio un auto muy parecido al que le habían robado, suspiró, casi lloraba, sacó la llave (no había renovado su licencia de manejo ni le había comprado al auto un seguro contra robos pero eso sí: había comprado un hermoso llavero de caneda muy tintineante, para irlo escuchando mientras manejaba). Sólo por jugar metió la llave en la puerta y... Correcto, se abrió el auto. La pareja de ancianos entró en el auto a toda prisa, mirando para todas partes. Encendieron el auto (su auto) y volvieron a casa, por momentos en silencio, por momentos casi locos de tanta carcajada.

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